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¿Cuánto de Cuántica?

Últimamente en distintos medios, he leído a cerca de la consciencia humana; dónde está situada, de …

Últimamente en distintos medios, he leído a cerca de la consciencia humana; dónde está situada, de qué está compuesta, si muere o no con la persona y alguna que otra apreciación sobre la misma. También interesantes artículos que la vinculan con la física cuántica. Físicos de alto nivel, en contraposición a los más ortodoxos (¿se puede ser ortodoxo cuando estamos hablando de mecánica cuántica?) ya hablan de que la consciencia es de valor cuántico y que se genera a través de elementos físicos del cuerpo humano.

Sí que podemos decir que la consciencia o una parte de la misma, se manifiesta a través de la personalidad humana; que cada ser humano tiene un nivel de conciencia que le permite conducirse por la vida. 

¿El Hardware es capaz de producir el Software, o este último se manifiesta a través del primero?

Esto nos permite conjeturar que, tal como está el mundo, la consciencia humana manifestada es muy poca, lo cual nos aproxima a que debe ser como un iceberg, solo notamos o vemos la parte que está en la superficie. Solo usamos una parte de ella. No deberíamos descartar que la consciencia exista sin el cerebro. La afirmación categórica de que el cerebro es el origen de la consciencia ya ha dejado de ser irrefutable.

Todo sistema cuántico se define por su función de onda, pero para que se defina, para “ver” las partículas y “concretarlas” debe producirse un colapso, es decir, cuando se presta atención y se intentan observar o medir.

Algunos físicos hablan de que el problema está en la dualidad mente-cuerpo, entre la consciencia (lo atribuyen a experiencia subjetiva) y los procesos físicos, gobernados por un principio tan difícil de explicar como la física cuántica: la homeostasis.

¿Los procesos físicos deberían dar lugar a la consciencia, o más bien el sistema del cuerpo humano es el continente de la misma?

Claro, nos adentramos en un territorio complejo donde ciencia y filosofía deben colaborar estrechamente para abrir nuevos hitos en la consciencia colectiva humana. A esto se le ha llamado, tradicionalmente, “El Problema Difícil”.

 

El problema de la medida en los procesos cuánticos nos lleva a poner el foco en la consciencia, es decir, ¿quién observa y mide a las partículas? Debería ser la consciencia ¿no? Y si esto es así, cómo es posible que se genere dentro del propio sistema físico, como han enunciado en la teoría OOR (reducción objetiva orquestada) que propone que dentro de las neuronas, en los microtúbulos, es donde se genera de forma cuántica la consciencia. ¿O sería más interesante, como hipótesis, decir que esos mirotúbulos son la resonancia de algo superior que proviene del exterior?

 

«¿Qué pasaría si la comunidad científica admitiera, aunque no se pueda medir, que la consciencia del ser humano es algo “prestado”?»

Particularmente creo que el problema radica en que la ciencia no se atreve a postular aspectos de la espiritualidad y de la sabiduría ancestral. Tiene pánico a la crítica descarnada de los propios científicos, da igual que sean ateos, religiosos o freekes. Una barrera que pocos se han atrevido a traspasar.

 

Admitir que, en el pasado de la humanidad, había un saber que no necesitaba ser “demostrado” porque su función era ser “vivido” por cada sujeto y que esto le abría las puertas a una Consciencia que lo trascendía más allá del espacio físico de esta naturaleza, es tan importante, que nadie se atreve a acercarse a él. Bueno, hubo algún valiente físico, bastante criticado en su época, que sí lo hizo. Albert Einstein hablaba sin reservas de ello porque se inspiró en la sabiduría antigua como Jung y en libros como La Doctrina Secreta de Blavatsky. Él dictaminó sin poder demostrarlo sus “Campos Gravitatorios”. Y se le echaron encima. Hoy se ha comprobado todo ello sin fisuras.

 

¿Qué pasaría si la comunidad científica admitiera, aunque no se pueda medir, que la consciencia del ser humano es algo “prestado” por un entramado espiritual que se vincula (no a un dios antropomórfico) sino a un Plan Universal de manifestación y que la vida y la muerte de esta naturaleza, son procesos que pueden ser trascendidos a través de una Consciencia Espiritual?

¿Cómo se convierten las moléculas físicas en elementos curiosamente significativos aunque intangibles, como el perfume de una flor, el tacto entre los amantes o una cantata de Bach? 

¿Cómo se puede explicar una pintura de Sorolla o el atardecer en el desierto?¿De qué serviría?

¿No será que la Consciencia existe a través de todo lo creado y que somos una vibración de la misma en distintas escalas? No podemos ver, tocar, oír, oler o saborear la consciencia, ni la de otros ni la nuestra.

 
«Lo verdaderamente real, lo que existe más allá de los sentidos. Lo que no nace ni muere, lo que no puede ser dañado con ninguna arma de este mundo. 
Lo que contiene todo, porque pertenece al TODO.»

Estamos en la era de culto al C.I. (Cociente Intelectual), y sin darnos cuenta, gracias a materias como la física cuántica, es probable que ya necesitemos dotarnos de C.E. (Cociente Espiritual) que nos puede permitir adentrarnos en universos intangibles y de vivencias subjetivas que no se pueden demostrar porque no pertenecen a nuestro plano manifestado.

 

Si nos abrimos a esta hipótesis nos encontraríamos ante un verdadero cambio de paradigma, como el que se produjo en la época de Parménides, quien “inventó” la lógica para, por medio de la razón humana inspirada, llegar a comprender el SER; Lo verdaderamente real, lo que existe más allá de los sentidos. Lo que no nace ni muere, Lo que no puede ser dañado con ninguna arma de este mundo. Lo que contiene todo, porque pertenece al TODO. Por tanto, lo que atisbamos vagamente a través de la física cuántica, está más relacionado con otros universos donde, probablemente, gobierne la Consciencia Espiritual y en consecuencia, para “conectar” con Ella, necesitemos de una nueva Consciencia.

 

¿Cuánto de todo ello hay de cuántica?

 

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