Hemos traído leña seca y un corazón dispuesto. Encendamos un fuego, no para disipar la oscuridad, sino para revelar que la oscuridad misma es el velo del Amado. Hablemos del Pensamiento y del Silencio.
Te han dicho que para encontrar la paz debes acallar tus pensamientos. ¿Y si te dijera que el océano no necesita silenciar sus olas para ser océano?
¿Es necesario el pensamiento?, ¿qué ocurre si no pensamos? Estas son preguntas que pueden parecer extrañas o incluso absurdas, pero que tienen una gran relevancia para comprender cómo funciona nuestra mente y cómo influye en nuestro cuerpo y en nuestra vida.
Pensar es una actividad que realizamos de forma constante, a veces sin darnos cuenta. Pensamos cuando recordamos el pasado, cuando imaginamos el futuro, cuando resolvemos problemas, cuando tomamos decisiones, cuando nos comunicamos con los demás… Pensar es lo que nos permite ser conscientes de nosotros mismos (al menos en parte) y del mundo que nos rodea.
¿Cesar el pensamiento, permite que se manifieste “el Otro”, el ser interior? ¿El pensamiento es una herramienta para explorar la complejidad y la riqueza de “el Otro”, o bien, por el contrario, cesar el pensamiento no solo no permite la expresión del ser interior, sino que lo oculta o lo niega?
¿Y si la clave para transformar nuestra existencia no reside en luchar contra el mundo «exterior«, sino en rediseñar la mente que lo percibe y, en consecuencia, lo crea?
«Tú eres el Universo pensado.»
Hemos externalizado nuestro foco mental hasta tal punto que el mundo exterior ahora piensa por nosotros. Los algoritmos eligen nuestra siguiente canción, nuestra siguiente noticia, incluso nuestro siguiente anhelo. Somos receptáculos de pensamientos de segunda mano, y nuestra realidad, en consecuencia, se siente falsa. Este es el estado de sonambulismo espiritual: no estamos creando nuestra vida; estamos siendo «pensados» por ella.
Vivimos en un mundo construido sobre la carencia, y por tanto, su vibración es la del miedo y el deseo insaciable.
No imagines el Silencio como una ausencia, un vacío yermo. Eso es la percepción del yo, que teme todo lo que no puede nombrar o poseer.
El Silencio es la Presencia misma del TODO. Es el 99 por ciento de la Mente (Mental Superior/Alma nueva), el Campo primordial de Conciencia pura, el útero cósmico donde todo es gestado. Este Silencio es el Nous, la Mente Divina que todo lo contiene. Es el Corazón —no el músculo que bombea sangre, sino el centro de tu Ser—, un espejo que, cuando se pule del polvo de los pensamientos, refleja el rostro del Amado.
Desde las profundidades de este Silencio, la realidad se percibe de un modo distinto. El mundo deja de ser una colección de amenazas y oportunidades para el yo, y se revela como una danza sagrada de energía. La vibración de tu ser se eleva. El miedo, la culpa y la ira, que son pensamientos densos y pegajosos, se disuelven en la aceptación y el coraje de simplemente Ser. Asciendes desde el esfuerzo de la fuerza hacia la gracia del Poder. Desde este lugar, no actúas sobre el mundo; la Vida fluye a través de ti. Todo sucede por sí mismo, sin un hacedor.
Entonces, ¿cómo viaja el amante desde la espuma ruidosa hasta las profundidades serenas del Amado?
Aquí reside la paradoja. No se llega al Silencio luchando contra el pensamiento. Eso sería crear más ruido, más olas. El camino es más sutil, es una rendición, una entrega. Y en esta entrega, el pensamiento mismo puede convertirse en un puente.
«Existe un pensamiento que nace del ego, y existe un Pensamiento Superior que nace del anhelo del alma»
El primero dice: «Debo meditar, debo controlar mi mente, debo alcanzar la iluminación». Es la voz de la carencia. El segundo, el Pensamiento Superior, es un susurro, una oración que se disuelve a sí misma. Es el amante que clama en la noche: «Amado, muéstrate». Es la pregunta que no busca respuesta conceptual, sino la Presencia: «¿Quién soy yo?». Este pensamiento no busca construir, sino demoler las murallas del yo. Es una flecha de anhelo disparada hacia el Corazón del Misterio.
La primera tarea del arquitecto del alma no es, por tanto, añadir más pensamientos «positivos» a la cacofonía existente. Es un acto mucho más radical y valiente: la búsqueda deliberada del Silencio. No un silencio vacío y muerto, sino el Silencio fértil, el lienzo en blanco de la conciencia, la quietud donde la voz del Ser puede, por fin, ser escuchada por encima del clamor del ego y del mundo.
Si en tu interior solo hay ruido compulsivo, tu realidad exterior será un reflejo de ese caos: una sucesión de eventos reactivos, de conflictos que parecen surgir de la nada, de una sensación constante de urgencia sin dirección.
La práctica, por tanto, es simple, aunque radical. Cuando un pensamiento surja, no lo combatas ni lo sigas. Míralo. Obsérvalo como observarías una nube cruzar el cielo. Reconoce su presencia sin darle tu poder, sin identificarte con él. Ofrécelo. Entrégalo al Silencio, como una gota de lluvia que se entrega al mar. Este acto de entrega es la aniquilación sagrada, donde la gota del yo no muere, sino que recuerda su verdadera naturaleza oceánica.
Al principio, la mente gritará. Luego susurrará. Finalmente, callará.
«Un pensamiento nacido del Silencio tiene una cualidad vibratoria diferente; no grita, resuena. No se impone, magnetiza.»
Deja de luchar contra la realidad que no deseas. Retírate al santuario de tu Silencio interior. Es allí, en esa quietud sagrada, donde se disuelve el mundo que te oprime y se gesta el mundo que anhelas. Pues el universo no responde a la estridencia de tus peticiones, sino al eco silencioso de tu estado de Ser. Conviértete en el Silencio desde el cual nace toda creación, y tu Pensamiento se convertirá en el cincel con el que esculpirás tu destino.
El viaje no es del ruido al Silencio. Es el reconocimiento de que el Silencio es tu estado original y eterno. Los pensamientos son meras ondulaciones en tu superficie, permitidas por tu inmensidad. «Como es adentro, es afuera»: cuando descubres el Océano de Paz en tu interior, el universo entero te refleja esa misma Paz. La dualidad del hablante y el oyente se desvanece en la Unidad del Ser.
No busques detener las olas. No intentes vaciar el mar. Sumérgete.
Descubre que Tú eres la profundidad, la quietud y el agua misma que permite a cada ola nacer y morir en tu seno.
Escucha. No los pensamientos que vienen y van. Escucha el Silencio que los sostiene.
Ese Silencio… eres Tú (Tu Ser interior).