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Interés o intereses

Cuando hablamos de interés, como en todo, vemos un doble sentido, una dualidad. Poner interés en un…

Cuando hablamos de interés, como en todo, vemos un doble sentido, una dualidad. Poner interés en una tarea o un aprendizaje es perfecto para llevar a buen puerto un estudio o una técnica.

 

Sin embargo, la sociedad está falta de interés ante lo esencial, verdadero, y confunde tener interés con ser interesado.

 

Nuestra naturaleza, con su acento en la supervivencia, deriva hacia la ilusión de creer que nosotros, con nuestros intereses, daremos con la solución a cualquier problema. Pero la muerte es inevitable, ¿no es cierto?

 

Con todo, un gran egoísmo pretende sobrevivir a costa de los demás, también de los recursos, en la locura de qué “todo vale”.

 

Dicha actitud nos hace desoír las palabras de Jean-Paul Sartre: “mi libertad se termina dónde empieza la de los demás”.

 

Es ciertamente beneficioso estar en calma, y en ella poder conocernos a nosotros mismos. Pues no se puede actuar de otra forma, menos interesada y más consciente, si no vemos en profundidad nuestros impulsos.

 

Por momentos, parece, que la palabra humanidad está a punto de perder su significado más profundo. Pues una maraña de creencias y egoísmos empequeñece nuestro lado más humano.

“Una sociedad crece bien cuando las personas plantan árboles cuya sombra saben que nunca disfrutarán.»  (proverbio griego)

En este sentido, somos invitados, una y mil veces, a actuar desde el corazón, pues, ciertamente, al actuar con ceguera, la separación con los demás es más que evidente.

 

Entre el cooperativismo y la competitividad anda nuestra encrucijada. La filosofía Ubuntu, seguida por las tribus africanas Xhosa y Zulúes, nos explica con claridad que la felicidad se multiplica cuando se comparte. “Yo soy, porque todos somos” –dice Ubuntu. Que no existe bienestar propio, sin el bienestar de los demás. Todos somos uno, y en esa unidad, la vida es de una riqueza sin límites, que nos llena de asombro y alegría. En este espíritu de entrega, en olvido de nosotros mismos, encontramos no solo la clave para nuestra liberación, sino la de los demás.

 

“Tu vida tuvo sentido si alguien respiró mejor porque tú exististe” 
– Ralph Waldo Emerson, filósofo, escritor y trascendentalista (1803-1882). 

En dicho respirar, existe una gran apertura, donde la luz brilla, nos impregna por completo, la respiramos, y se disuelven los obstáculos que, aparentemente, nos separan. En esa suerte, nuestra comprensión se expande.

 

Así, el amor triunfa, sin sombras ni opuestos, y encontramos la paz que lo impregna todo.

Quien vive en el amor se siente saciado, y ya no tiene interés por nada más.

 

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