axium

Escrito por: 4:40 pm Artículos

Puzles

Quienes en algún momento de su vida han empleado su tiempo libre en montar puzles o rompecabezas, y…

Quienes en algún momento de su vida han empleado su tiempo libre en montar puzles o rompecabezas, y se hayan atrevido a enfrentarse a uno de 5000 piezas, saben por experiencia la cantidad de recursos y tiempo que son necesarios para completarlo con éxito. Color, dibujo y forma de la pieza deben ser tomados en consideración con una minuciosa precisión, y resistirse en todo momento a querer unir dos piezas que no encajan del todo simplemente porque nos “parece” que deben ir juntas. Todas las piezas deben encajar y coincidir perfectamente. ¡Y la dificultad subsiste a pesar de que disponemos de una imagen completa del resultado para orientarnos!

 

Obtener una imagen medianamente coherente y clara de la Idea que nos transmite la Enseñanza Universal, el compendio y síntesis de las enseñanzas que nos han sido transmitidas a lo largo de milenios por numerosos mensajeros de la Sabiduría Divina, es significativamente más difícil que hacer un puzle de 5000 piezas. Primero, porque son muchísimas más piezas las que forman el mosaico de facetas y perspectivas de la Única Verdad, y segundo, porque no disponemos de una imagen de conjunto que nos ayude a distribuir las piezas. Además, a diferencia de un puzle, la Enseñanza Universal no es bidimensional, no es una foto plana, sino una imagen tridimensional en movimiento que permite intuir, cuando se la logra contemplar, alguna dimensión más de las que nuestra mente concibe.

Mucha paciencia y perseverancia son requisitos indispensables para lograr completar al menos una parte de ese inmenso mosaico.

Sin embargo, la tentación de juntar piezas que no encajan y obtener una imagen parcial satisfactoria es muy difícil de resistir. Ello puede ser un alivio ante el vértigo producido por la profundidad sin fondo de la tarea, pero conduce irremediablemente a un callejón sin salida, pues las piezas mal encajadas faltarán posteriormente en su sitio verdadero.

 

El Prólogo del Evangelio de Juan pertenece a esa Enseñanza Universal y es uno de los más importantes mensajes, si no el mayor de todos, dentro de la tradición del cristianismo. Su origen sigue siendo en parte un misterio, pues rompe con el esquema de los otros tres evangelios al descartar la genealogía humana de Jesucristo para colocar al lector ante la única genealogía que verdaderamente importa, o sea ante el único origen transcendental que ha de ser mencionado: el Logos.

 

Y ahí mismo tenemos ya una pieza del puzle de la Enseñanza Universal que requiere que nos detengamos, pues precisamente la palabra Logos es como si fuese una pieza fluida y blanca que no sabemos dónde colocarla ni junto a qué otras piezas.

 

Logos, Palabra, Verbo… ¿De qué se trata? ¿Es acaso un segundo o tercer dios dedicado a la creación? ¿Y para qué precisa el Dios supremo a otro agente para hacer lo que él mismo es de sobra capaz de hacer?

 

Logos es un concepto griego, pero el evangelio ha debido ser redactado en mandeo o arameo. Se dice que la influencia helénica se filtró en este texto. Otros estudiosos del tema han detectado con claridad la influencia del gnosticismo en dicho Prólogo, y por ello en lugar de traducir esa palabra por Logos, se inclinan por versiones menos conocidas de los textos clásicos, donde en lugar de Logos aparece Mente o Sabiduría.

 

El lector comprende de inmediato la grandiosa perspectiva que se abre “en nuestra mente” al reemplazar Logos por Mente.

 

Al principio era la Mente, y la Mente era junto a Dios…, porque era la Mente de Dios… Y como es lógico, esa Mente es Dios mismo, es decir: la primera causa.

 

Y esa Mente lo crea todo con el pensamiento. El pensamiento unido a la imaginación crea la imagen que va a servir de prototipo para que la naturaleza fabrique la semejanza.

 

Debemos hacer notar que la “pieza Logos” del puzle universal no es la única que viene a nuestro encuentro, pues precisamente en ese rincón del mosaico hay varias piezas más que según las coloquemos o entendamos van a generar asociaciones e ideas muy dispares, muchas de ellas abocadas a la esterilidad en el trabajo de comprender.

Una frase de ese prólogo dice:
Quien acepta esa Luz, “ella le da poder para devenir Hijo de Dios”.
Ahí está la pieza en la palabra “poder”.

El sentido original de esa palabra no tiene de ninguna manera una connotación de capacidad decisoria, como la que dispone un gobernante. Ese “poder” tiene que ver más bien con la palabra “autoridad” o “capacidad”, es decir, “saber cómo hacer algo”; de nuevo, una conexión con “inteligencia y mente”.

 

 

Se podría decir entonces que quien acepta esa Luz, ella ilumina su mente para enseñarle cómo convertirse en “un ser humano verdadero”. Pues allí donde habitualmente entendemos que “la luz verdadera ilumina a los hombres”, debemos reconocer que el original dice otra cosa. No habla de hombres en plural, sino del hombre verdadero:

Todo vino a la existencia por medio de la Mente de Dios y aparte de ella no vino a la existencia ni una cosa. En ella estaba la Vida, y la Vida es la Luz del ser humano verdadero.”

 

 

Sirvan estas palabras simplemente para enfatizar un par de cosas. Una es que no debemos conformarnos con colocar una pieza en el puzle allí donde nos parece más adecuado ponerla, simplemente por gusto personal o tradición. Y otra: que descubrir que estaba mal colocada puede conllevar la laboriosa tarea de comenzar a formar el puzle de nuevo desde el principio.

 

Querido lector, tenga cuidado ahora con no colocar el contenido de este artículo como si fuese una pieza del puzle, pues su única pretensión es inducirle a revisar la colocación de las piezas que lleva situadas hasta ahora.

 

Olvídese por un momento al menos del resultado final y disfrute estudiando las piezas.

 

(Visited 226 times, 1 visits today)