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La Arquitectura Sagrada comienza en el cuerpo del Ser humano

Desde los albores de la humanidad, los seres humanos han sentido la necesidad de explorar y compren…

Desde los albores de la humanidad, los seres humanos han sentido la necesidad de explorar y comprender el propósito del mundo que les rodea. En muchas culturas esta búsqueda de conocimiento se ha manifestado en la plasmación en la materia de elementos, que podríamos llamar espacios-puente, que conectaran con esos mundos superiores, espacios en los que se suponía que la presencia de la divinidad era más perceptible. Tales “espacios sagrados” solían estar levantados/diseñados a partir de lo que viene denominándose Geometría Sagrada.

Una obra arquitectónica reúne a la vez un valor simbólico, un estado sociocultural y un valor estético. El autor de la obra coloca a la luz una idea, un plan que ha concretado en elementos constructivos, con formas y colores particulares. Esas construcciones tienen elementos que a simple vista no son reconocidos por quienes las observan, y muchas veces incluso ni por quien vive en los espacios generados en una obra arquitectónica. 

Es por ello por lo que es necesario adentrarse en el conocimiento de los símbolos y su significado para entender, de alguna manera, la idea o el plan que yace oculto en su interior.

Lo sagrado en la arquitectura se representa por un conjunto de formas y patrones geométricos presentes a menudo en la naturaleza, esos lugares son entonces considerados sagrados. De alguna manera, el edificio es un libro que narra las intenciones de su creador a través de formas geométricas y símbolos.

 
«La necesidad que se ha manifestado en el ser humano desde la antigüedad por crear espacios sagrados para conectar con la divinidad.»

Así, la idea de un arquitecto se materializa, y es a través de la obra, gracias a la observación atenta, a la conexión de todos nuestros sentidos con esa obra, como podemos descubrir su plan, su idea.

La necesidad que se ha manifestado en el ser humano desde la antigüedad por crear espacios sagrados para conectar con la divinidad, con lo trascendente, se ha expresado de muchas maneras a través de la historia, pero la constante presente en todas ellas es que expresan el paso de una realidad centrada en la materia a una realidad trascendente.

 

¿Podríamos descubrir el plan que yace oculto en el interior del ser humano?

 

El ser humano es, en un sentido, una obra arquitectónica, una obra que contiene la idea del arquitecto, que refleja el plan, una obra que consta de 3 espacios, de tres santuarios: la cabeza, el corazón y la pelvis, o santuario de la vida.

El humano en su forma física es representado por el cuadrado, el símbolo de la base material, y en su esencia divina por el círculo, símbolo de lo celeste, de la perfección. El triángulo es el equilibrio, la armonía, la realización, lo sagrado en el ser humano. La interacción entre círculo y cuadrado es siempre posible gracias a un elemento intangible, un puente, que se expresa en una atmósfera que permite la unión de esas dos realidades opuestas. En el caso del Ser humano ese elemento puente es el corazón. 

 

«Si observamos la cabeza del ser humano con siete orificios, en ella misma están representados los 3 santuarios.»

 

El corazón es el UNO, el que conecta todo y da vida a todo; la cabeza es el siete, la suma de lo material (4) y lo sagrado (3). Si observamos la cabeza del ser humano con siete orificios, en ella misma están representados los 3 santuarios, el área que ocupa la boca y el mentón, que corresponde con el santuario de la vida, el área que ocupa la nariz, que corresponde con el santuario del corazón y el área que ocupa la frente, correspondiente al santuario de la cabeza.

 

Estas proporciones en cada uno de nosotros nos debería decir algo ¿no?

Tenemos dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales y una boca. 

¿Se han preguntado por qué solo una boca?

 

El universo se compone y estructura por dos energías creativas que dan lugar a todas las formas que vemos. ¿Podríamos descubrir en nosotros cuáles son esas dos energías que crean nuestros pensamientos y sentimientos y que producen actos concretos?

Según la enseñanza universal o arcana, la constitución del ser humano es séptuple, 7 cualidades que forman una única entidad y que se pueden expresar en 7 dimensiones y para ello necesita de 7 estructuras, cada una apropiada para manifestarse en cada dimensión. Se dice que la humanidad se expresa en un espacio tridimensional, pero además también experimenta una cuarta dimensión, pues no se trata solo de largo, ancho y profundidad (3D), sino que a ello se le suma la cualidad de la cuarta dimensión, que es el tiempo (4D). Y la idea que surge es: si nosotros somos la manifestación de una idea, de un plan divino, un pensamiento de Dios, lo que se refleja en este plano de existencia tendría que ser la quinta dimensión, la dimensión espiritual del ser humano verdadero. 

«Sumérgete en el conocimiento de tu esencia, este, y no otro, es el punto de partida para comprender el universo y su creador.»

 

Sin embargo, la arquitectura sagrada nos demuestra que el proceso es inverso, que lo primero que surge es la idea, la mente, y para que esa mente materialice la idea, forma, desde lo más tosco, un proceso constante de trasformación.

 

Intuimos que el gran arquitecto del universo nos dice: “observa la idea de tu creador en lo manifestado, en el universo, en la naturaleza y en ti mismo”. Por ello, en el pronaos del templo de Apolo en Delfos se exhortaba al visitante con la siguiente frase: “Conócete a ti mismo y conocerás el universo y sus dioses”. Sumérgete en el conocimiento de tu esencia, este, y no otro, es el punto de partida para comprender el universo y su creador.

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